La Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) lamenta que, una vez más, las restricciones a la circulación impuestas al transporte se hayan basado en previsiones meteorológicas que finalmente no se han cumplido en amplias zonas del territorio.

Según los datos constatados por el propio sector, en numerosos puntos las nevadas anunciadas por la AEMET no han sido ni tan intensas ni tan copiosas como se preveía. Sin embargo, las limitaciones al tráfico pesado ya estaban publicadas y activadas con carácter generalizado, impidiendo la circulación incluso en vías que se encontraban en condiciones perfectamente transitables.

De hecho, en estos momentos, siguen cortadas carreteras que reúnen condiciones suficientes de seguridad para permitir el paso del transporte, pero que continúan cerradas sin una justificación técnica real. Da la sensación de que esta decisión parece responder más a una medida de autoprotección administrativa para evitar responsabilidades, que a criterios técnicos objetivos que realmente las justifiquen.

La CETM considera que este tipo de decisiones preventivas, adoptadas sin una verificación efectiva y continua de la situación real de la red viaria, generan un grave perjuicio al transporte de mercancías y a sus profesionales, que ven paralizada su actividad sin que concurra una causa de fuerza mayor que lo justifique. No se puede “matar moscas a cañonazos” ni aplicar medidas extremas de forma automática, penalizando injustamente a un sector esencial para el funcionamiento de la economía y el abastecimiento de la población.

Desde la organización se insiste en que el transporte es el primer interesado en garantizar la seguridad vial, tanto de sus conductores como del conjunto de los usuarios. Precisamente por ello, la CETM reclama que, antes de recurrir a restricciones indiscriminadas, se activen de manera eficaz todos los medios disponibles —quitanieves, extendido de sal y recursos humanos y materiales— para mantener la circulación en condiciones de seguridad adecuadas.

La CETM pide a las administraciones responsables una gestión más equilibrada y proporcional de las situaciones meteorológicas adversas, basada en la realidad sobre el terreno y no únicamente en previsiones que, como se ha demostrado en esta ocasión, no siempre se cumplen.

El sector del transporte y sus profesionales merecen respeto, diálogo y decisiones ajustadas a criterios técnicos objetivos, no medidas que suponen un castigo innecesario y reiterado.