La Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) quiere expresar su profunda indignación y desesperación ante los continuos cortes de carreteras que, una vez más, están golpeando de forma directa y reiterada al transporte de mercancías.

Terminamos 2025 con bloqueos provocados por las movilizaciones de los agricultores, y arrancamos 2026 de la misma manera, tanto en Francia como en Cataluña. Mañana, nadie lo duda, volverá a ser el transporte quien pague las consecuencias.

Desde la CETM queremos dejar claro que respetamos el derecho a la protesta y entendemos el malestar de otros sectores, pero también exigimos respeto para los transportistas, que llevan demasiados años siendo siempre los mismos perjudicados. Cada corte de carretera supone camiones parados durante horas o días, mercancías perdidas, incumplimientos contractuales, penalizaciones económicas y conductores atrapados sin servicios básicos, sin información y sin soluciones.

El transporte no es responsable de los problemas del sector agrario, ni de la inacción política, ni de la falta de respuestas estructurales. Sin embargo, es el eslabón más vulnerable y el más fácil de bloquear. Siempre. De forma sistemática. Como si nuestro trabajo, esencial para el abastecimiento de los mercados y de las necesidades de empresas y ciudadanos, fuera invisible o prescindible.

Esta situación ya no es puntual ni excepcional. Es crónica. Año tras año, protesta tras protesta, los transportistas ven cómo se les impide trabajar mientras asumen en solitario todas las consecuencias. No hay compensaciones, no hay amparo real y no hay soluciones eficaces. Solo resignación forzada.

Por ello, desde la CETM hacemos un llamamiento urgente y sincero a quienes se manifiestan: entiendan nuestra situación. El transportista no es su enemigo. Somos trabajadores que también luchan por sobrevivir en un entorno cada vez más hostil, con costes disparados, márgenes mínimos y una presión constante. Bloquear carreteras no soluciona sus problemas, pero sí agrava los nuestros.

Exigimos a las autoridades nacionales y europeas que garanticen de una vez por todas el derecho a la libre circulación de mercancías y la seguridad de los conductores profesionales. No puede ser que el transporte sea siempre rehén de conflictos ajenos.

El sector está al límite. Y esta vez, lo decimos con claridad: no podemos más.